EL INFIERNO
56
El Señor gobierna los infiernos
536. En
lo precedente, que trata del cielo, se ha manifestado abundantemente que
el Señor es el Dios del cielo (especialmente, n. 2-6), que por
consiguiente todo gobierno del cielo pertenece al Señor, y puesto que la
relación del cielo con el infierno y del infierno con el cielo es como
la relación entre dos cosas contrarias, que mutuamente se hacen
oposición, de cuya acción y reacción resulta el equilibrio en el cual
subsisten todas las cosas, es preciso, a fin de que todas cosas y cada
una en particular se mantengan en equilibrio, que Él que gobierna (este)
también gobierne (aquel), porque de no mantener dentro de límites un
mismo Señor las agresiones del infierno y moderar las locuras allí,
desaparecería el equilibrio y con el equilibrio el todo.
537.
Pero diremos aquí primero algo acerca del equilibrio. Sabido es que
cuando dos personas se oponen mutuamente, repeliendo y resistiendo una a
medida que la otra impele e insiste, ninguna de ellas tiene poder,
puesto que ambas usan igual fuerza, pudiendo entonces cada una manejarse
por una tercera persona al antojo de ésta, porqué no teniendo poder
ninguna de las dos a consecuencia de la igual resistencia, el poder de
la tercera lo hace todo y tan fácilmente como si no hubiera resistencia
alguna. Tal equilibrio existe entre el infierno y el cielo pero no es un
equilibrio como entre dos, que luchan cuerpo a cuerpo, equivaliendo la
fuerza del uno a la del otro, sino que es un equilibrio espiritual, es
decir, un equilibrio de la falsedad contra la verdad y del mal contra el
bien. El infierno exhala continuamente la falsedad procedente del mal, y
el cielo continuamente la verdad procedente del bien; este equilibrio es
lo que hace que el hombre puede pensar y querer con libertad, porque
todo cuanto el hombre piensa y quiere se refiere o bien al mal y por
consiguiente a la falsedad, o bien al bien y por lo tanto a la verdad,
por lo cual, encontrándose uno en este equilibrio, se halla en libertad
de admitir o recibir el mal y con este la falsedad del infierno o bien
de admitir o recibir el bien y por este la verdad del cielo. En este
equilibrio es mantenido cada hombre por el Señor, puesto que Él gobierna
ambos, tanto el cielo cuanto el infierno; pero la razón por la cual el
hombre es mantenido en libertad mediante este equilibrio, y que el mal y
la falsedad no le es quitado por el poder Divino introduciendo en él el
bien y la verdad, se dirá más adelante en su artículo.
538.
Varias veces me ha sido permitido percibir la esfera de la falsedad
procedente del mal, que exhala el infierno; era como un continuo
esfuerzo de destruir todo bien y toda verdad, unido a una ira y casi
rabia por no poderlo con seguir, especialmente un esfuerzo de destruir
la Divinidad del Señor, y esto porque de Él viene todo bien y toda
verdad. Del cielo percibí por el contrario una esfera de verdad por el
bien, mediante la cual fue refrenada la irá del esfuerzo que procedía
del infierno, de lo cual resultó el equilibrio. La esfera que sentía
venir del cielo procedía del Señor exclusivamente, por más que parecía
proceder de los ángeles en el cielo. La razón de que procedía del Señor
exclusivamente, y no de los ángeles, era que todo ángel en el cielo
reconoce que ningún bien y ninguna verdad vienen de él mismo, sino que
todo viene del Señor.
539.
Toda potencia en el mundo espiritual pertenece a la verdad que procede
del bien, y ninguna potencia pertenece a la falsedad, que procede del
mal. La razón por la cual toda potencia pertenece a la verdad del bien
es que lo Divino mismo en el cielo es el Divino bien y la Divina verdad,
y lo Divino tiene toda potencia. La razón por la cual la falsedad que
procede del mal no tiene poder alguno, es que todo (poder) pertenece a
la verdad del bien y en la falsedad del mal no existe ninguna verdad de
bien; de ahí viene que todo poder se halla en el cielo y ninguno en el
infierno. Cada uno en el cielo se halla en verdades por el bien, y cada
uno en el infierno se halla en falsedades por el mal, porque nadie es
admitido en el cielo hasta que esté en verdades por el bien, y nadie es
echado al infierno hasta que se halla en falsedades por el mal. Que así
es puede verse en los artículos que tratan del primero, segundo y
tercero estado del hombre después de la muerte (n. 491-520); y que toda
potencia pertenece a la verdad del bien, en el artículo del poder de los
ángeles de los cielos (n. 228-233).
540.
Esto es el equilibrio entre el cielo y el infierno. Los que se hallan en
el mundo de los espíritus se hallan en este equilibrio, porque el mundo
de los espíritus se halla en el medio entre el cielo y el infierno, y a
consecuencia de esto son mantenidos en equilibrio, igualmente todos los
hombres en el mundo, porque los hombres en el mundo son gobernados por
el Señor mediante los espíritus que se hallan en el mundo de los
espíritus, de cuyo particular se tratará más adelante en su artículo.
Tal equilibrio no puede existir si el Señor no gobierna ambos, tanto el
cielo cuanto el infierno, moderando por ambos lados; de lo contrario
rebosarían las falsedades que vienen del mal, y afectarían a los de
sencilla bondad que se hallan en las partes más externas del cielo, los
cuales pueden ser desviados con más facilidad que los mismos ángeles, y
de ésa manera desaparecería el equilibrio y con el equilibrio la
libertad en los hombres.
541. El
infierno se halla compuesto de sociedades como el cielo, y en igual
húmero de sociedades que el cielo, porque toda sociedad en el cielo
tiene su sociedad opuesta en el infierno, y esto a cansa del equilibrio;
pero las sociedades en el infierno se distinguen según los males y las
correspondientes falsedades, mientras que las sociedades en el cielo se
distinguen según los bienes y correspondientes verdades. Que por cada
bien existe un mal opuesto y por cada verdad una falsedad opuesta, puede
saberse por esto de que nada existe que no tenga relación a su
contrario, y que por este contrario se conoce la calidad del mismo y su
grado; y que de ahí viene toda percepción y noción de los sentidos. Por
esto el Señor cuida siempre de que cada sociedad celestial tenga su
antítesis en una sociedad infernal, y de que haya entre ellas
equilibrio.
542.
Puesto que el infierno se halla dividido en igual número de sociedades
que el cielo, por lo mismo, existe igual número de infiernos que
sociedades celestiales, porque así como cada una de las sociedades
celestiales es un cielo en menor forma (véase arriba, n. 51-58), así es
cada una de las sociedades infernales un infierno en menor forma. Puesto
que hay tres cielos, en general, hay por lo mismo, también, tres
infiernos, en general, el más interior, que es opuesto al cielo íntimo,
o tercero, el intermedio, que es opuesto al cielo intermedio, o segundo,
y el superior, que es opuesto al cielo extremo o primero.
543.
También se dirá brevemente de que manera los infiernos son gobernados
por el Señor. Los infiernos son gobernados generalmente por la afluencia
del Divino bien y de la Divina verdad desde los cielos, mediante la cual
la corriente agresiva que sale del infierno es refrenada y mantenida
dentro de límites, y asimismo mediante una afluencia especial procedente
de cada cielo y de cada sociedad celestial en particular. Los infiernos
son gobernados de una manera especial mediante ángeles, a quienes es
dado mirar dentro, en los infiernos y moderar las locuras y los
perturbaciones allí; a veces son mandados allí ángeles, y presentes
moderan esos (disturbios); pero generalmente todos los que están en los
infiernos son gobernados por temores, algunos por temores implantados y
todavía arraigados desde su vida en el mundo, pero no siendo estos
temores suficientes, y, siendo que también desaparecen poco a poco, son
gobernados por temores de castigo, mediante cuyos temores son detenidos
de malas obras. Los castigos allí son múltiples, ligeros o severos,
según las males; por la mayor parte el mando sobre los demás es dado a
los más malignos, quienes sobresalen en astucia y artificios, y pueden
mantener a los demás en obediencia y servidumbre, mediante castigos y
correspondientes temores; estos encargados no se atreven a
extralimitarse en los derechos que les son concedidos. Hay que saber que
el único medio de mantener dentro de límites los actos violentos y las
rabias de los que están en los infiernos es el temor del castigo; no
existe otro medio.
544. En
el mundo sería creído hasta ahora que existe algún demonio que está al
mando de los infiernos, y que ha sido creado ángel de la luz, pero
habiéndose rebelado; fue con su turba precipitada al infierno. La causa
de esta creencia es que en el Verbo se habla del Demonio y de Satanás
así como de Lucifer; y que el Verbo ha sido interpretado literalmente;
siendo, sin embargo, así que en dichos lugares, y por Demonio y Satanás
se entiende el infierno; por el Demonio, aquel infierno que se halla
detrás, donde se hallan los peores que se llaman genios, y por Satanás,
el infierno que se halla delante, donde se hallan los que no son tan
malignos; quienes se llaman malos espíritus, y por Lucifer se entiende
los de Babel o de Babilonia, que son los que extienden su imperio hasta
el cielo. Que no hay demonio bajo cuyo mando se hallan los infiernos, es
claro también por eso de que tanto los que están en los infiernos,
cuanto los que están en el cielo, son todos del generó humano (véase n.
311-317), y que se encuentran allí miríadas de miradas desde el
principio de la creación hasta este tiempo, siendo cada uno de ellos tal
demonio, cual ha sido su vida en el mundo en contra de lo Divino (véase
sobre esto arriba, n. 311, 312).
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